23 de septiembre de 2010

Tampoco estás esta noche

todos los desconocidos concluyen sus deambulares bajo mi vientre

y no estás tú

para afilar los puños de mi rabia

y hacerles marchar despavoridos

para dejarme sola y dormida entre unas sábanas que perderé otra vez

cuando le dé la vuelta al sueño

cuando la punta de mi lengua se me deshaga entre los dientes

de tanto morder tu nombre

y tampoco estés

para abrazarme