16 de agosto de 2009

La cena

Hay un cadáver sentado a la mesa
recitando epitafios a los entremeses
nos mira de reojo
se acaricia con ternura las cuencas vacías
sabe que sólo él guarda nuestros últimos besos
la huella de tus lágrimas en mi vestido
de mis piernas en la pared
está sentado a la mesa sin hacerse notar
respira lentamente el humo de tu cigarrillo
blanco y dulce como un último suspiro
memoriza el aroma de nuestros encuentros
con sus huesos caídos
dejando que nos deshagamos sobre el mantel
pálidos y exhaustos de tanto estrellarnos
Está siendo una cena sombría
me dices
una cena última
te digo
y nos acariciamos sin manos y sin lenguas
con la estrategia del vacío
del frío reciente y familiar
de las noches de agosto
Y el cadáver se levanta
discreto
con su canto incesante y su sonrisa abierta
nos elogia los años tristes
y justo antes de cerrar la puerta
se gira repentinamente
se abraza a la escoba
y nos dedica unos brillantes pasos de valse

5 comentarios:

La paciente nº 24 dijo...

Vengo a leerte como quien coge el periódico y se subraya las esquelas; las voces de la Joplin y Jimmy y ahora el cadáver de Eleuterio, creo que tú también estabas muerta “o algo mejor”, alguien tenía que ir a avisarte de ello. Esto se pone feo, Laura, ¿vas a seguir matando a más gente? Lo digo porque, bueno, yo también tengo un fiambre en la maleta …y un vestido nuevo.

Laura dijo...

jajajajaja ay dios, hacía tiempo que no me reía tanto con un comentario

Sí que se pone feo, sí...

Anónimo dijo...

Interesante final, jeje. Me gustó.

Besos!!

a pena grande dijo...

Sin ánimo de polemizar: me gustó, y mucho, todo el poema, excepto el final.
Hermana: Hace dos semanas tocaba el Cielo de su bahía, los dos cenando también delicias enxebres. Nos dieron la Luna y el Sol, hablando de esas cosas que no tiene solución. Al despedirnos, mi mano fue un cuenco bajo su cabello.
Laura: no me digas que te dejas llevar por los estereotipos y el "ya me parecía a mí". Se puede amar a esa ingrávida trepa mástiles, sin pensar siquiera en la posibilidad de ser algo más que amigos, aquí abajo en las alcantarillas de nuestro predio.
Ahora, desde hace días, ella se enfrenta a vientos racheados, se adorna con esa jerga que sólo los lobos de mar escupen, y yo estoy aquí, varado, resbalando por el embarcadero del peirao, sintiéndome más solo que Ottis Reading en Frisco.
Ya nada será igual, porque esta soledad me ha herido. Y no se lo perdonaré. No. No me lo perdonaré.
No creo que mil sonrisas de caracola curen esta herida.
Ah, sí, la muerte se me apareció en el muelle, bailando ese vals ridículo. Ahora tiene las cuencas de los ojos llenas. De erizos de mar. Las algas se excitan en un ovillo con sus ingles ratoneras y su tracto rectal tiene un brillo morado de navajas encendidas por mis blues.
Y aunque mañana te diga que nada pasó, sí que pasó.
O_HOMEM_DOS_OLHARES_FATAIS
Hala, hermanita, estúdiate de memoria este romance :)

Mauro dijo...

"i see dead people"?

No jodas, tía.

Beso chupeteado.