A mi Bea, que está siendo feliz,
(llevémosle la contraria a Ismael y a Heisemberg...)
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Y estás encendida
temblorosa
relumbrando como si nunca nada hubiese merecido la pena
hasta ahora
las manos como ascuas
vibrantes por las ansias
ni siquiera atinas a recogerte el pelo
ni a arreglarte la ropa
pelota saltarina
sólo entretejes con tu cuerpo aquel momento
aquel único instante
eterno
dedicado a ti
a ti
en que te convertiste por fin en la reina que siempre fuiste
en que él
recogió todas las flores
todos los veranos de sus treinta y pocos
todas las caricias esculpidas a golpe de brisa
todas las horas
y te las entregó con los labios
lentamente
en un imperceptible devenir del mundo en agua
en un renovarse del suelo y de las ramas
en una reducción del cosmos a sus bocas
sujetas y agitadas
el único ahogarse de los mares
sus manos dibujándote el cabello
y tú oscilando
su amanecer y el olvido
las voces empapando las ropas
y las calles
y me emociona tu risa
y te enjuago el temblor con la tinta
y te escribo
Bea
es el mejor de los principios
principio de certidumbre


