6 de febrero de 2010

De dónde. Adónde...


Me preguntas de dónde vengo

Vengo de pasear mi pobreza por las callejas oscuras

De tantear la sequedad del aire con los ojos muy abiertos

y ver las canciones caer

muertas

como en un otoño rezagado

Pienso a veces que llevo el otoño entre los dedos

sobre todo cuando rescato el tacto de tu espalda

cuando rasgo con las uñas el musgo que puebla los adoquines de tu casa.

Me preguntas de dónde vengo

Han sido muchos los pasos desiguales

las mismas manos cortadas

los mismos muros armados

no quiero saber de dónde vengo

Pregúntame adónde voy

No me lo preguntas

amor

porque no quieres saber

no quieres saber

que no eres tú mi destino

que no caeré de rodillas ante tu puerta

mojada y triste

no buscaré pececitos en las fuentes

para que nos naveguen los labios

No

Yo tampoco quiero saber

Así que quedémonos así

Mira qué dos sombras las nuestras

pájaros tristes sobre el pecho de nadie



31 de enero de 2010

A Laura

_

No necesito mis ojos para verte

derramando tus pasos sobre las calles,

para seguirte desde las sombras

ocultándome en las esquinas de parques y agujas.

Te percibo como quien descansa.

Hago caer los muros de nuestra ciudad

porque estás aquí

y es sencillo ser.

No se precisan bienes y males en el mundo

si de repente miras al suelo

condensando en tu silencio atmósferas y estaciones.

Ábreme la puerta.

Voy a convertirme en la humedad de las paredes

para ensanchar los huecos de tu ventana.

Mientras tanto,

mi Alicia expulsada,

abre las botellas

-tienes sed para cerrar todos los mares-

deja que brote la espuma

bailemos sobre los escenarios

y brindemos

por que queden en el mundo hombres

que vivan lo suficiente

para aprenderse tus ojos.

24 de enero de 2010

Se acabó

pueden caer 25 años de huesos

contra el suelo de mi cuarto

borrarse de un plumazo

todas las letras de mi frente

las tildes de mis cejas

dejarlo

terminarme

se acabaron entrañas y alcantarillas

sangre y semen

una sola garganta para todos los silencios

y un cartel en la puerta que reza

AQUÍ NO SE ESCRIBE

3 de enero de 2010

entre las manos

No te encierra el horizonte

como a las líneas de los mapas

no te tengo entre las manos

con la dosis exacta que marcan los prospectos

ni con el desorden hondo de tu pelo mojado

no te tengo entre las manos

me aturde la quietud de las baldosas

pareciera que en tu presencia

palpitaran las alfombras y los cuadros

flamearan las mesas y las sombras

pero se ha acabado el té

no te guarda el aroma de las tazas

me acosa la inercia de las horas en las venas

te vas y es como si jamás hubieras existido

no te tengo entre las manos

y me trago el aire como antes tu saliva

apuro todos los vasos en los que vertiste tus noches

desato mi ropa

amordazada de frío

y apuntan todas las flechas al vacío de mi estómago

a mis ojos desnudos

oprimidos

tras todos los dedos que me sobran

si no tengo tus manos

2 de enero de 2010

Gracias


Las manos llenas de regalos


mírame


como una pequeña el día de Reyes


cuando aún es día dos


los ojos como dos mares a punto de caer


¿has visto?


la ciudad es una galleta


compartámosla


quédate el pedazo más grande


luce tus zapatos de oro


soy Alicia


este es tu país


llévame de la mano


acúname bajo los naranjos


los árboles son amarillos


¿ves?


tengo para ti las sorpresas del mundo


enredadas entre los rizos


anda con los ojos bien abiertos


péiname con cuidado


nunca sabes cuándo puede acontecer


el primer temblor

1 de enero de 2010

A dos voces

A veces tengo la suerte de coincidir con él y disfrutar de las conversaciones más variopintas, aunque sea a través de una pantalla. Hoy nos hemos regalado uno de esos ratitos. Es un placer empezar el año así.
Él está en negro: Javier Mérida
Yo en rojo.


hace frío...

el tiempo nos traspasa...

y nos consagra a la vida...

dejémonos atravesar por ella...

como espadas hendidas en el agua

como maderos flotando tras la tempestad...

¿sentiste alguna vez la espalda fieramente vacía?

la espalda

ningun otro lugar

la nuca, si acaso

vacía como un temblor a medias

sin voz

la nuca callada

con la penumbra de todas las casas

dulce y amenazante

como cuchillos al borde de la mesa

con ganas de soledad sobre la piel

con soledad sin ganas entre los labios

y los pelillos erizados por la niebla

la niebla de todos los días

que surge de pronto de la cocina

tenue

donde la leña crepita sus últimos segundos

donde hubo una voz

una taza humeante

un abismo

tanteando la leche con los dientes

y un lago ness por la mañana entre los dedos...

sin monstruo ni misterio

jugueteando con los rizos dormidos de una amante...

que no se sabe si estuvo

alguna vez

tan sólo una huella entre las sábanas

un vestigio alado de otro tiempo

una luz

cargada de ventanas cerradas

malheridas

evidentes

delatoras

un final

una espalda fieramente vacía

una mano hueca sobre ella

escribiendo mi nombre al revés

con un silencio más

y todas las lágrimas menos

29 de diciembre de 2009

PRINCIPIO DE CERTIDUMBRE

A mi Bea, que está siendo feliz,

(llevémosle la contraria a Ismael y a Heisemberg...)

_

Y estás encendida

temblorosa

relumbrando como si nunca nada hubiese merecido la pena

hasta ahora

las manos como ascuas

vibrantes por las ansias

ni siquiera atinas a recogerte el pelo

ni a arreglarte la ropa

pelota saltarina

sólo entretejes con tu cuerpo aquel momento

aquel único instante

eterno

dedicado a ti

a ti

en que te convertiste por fin en la reina que siempre fuiste

en que él

recogió todas las flores

todos los veranos de sus treinta y pocos

todas las caricias esculpidas a golpe de brisa

todas las horas

y te las entregó con los labios

lentamente

en un imperceptible devenir del mundo en agua

en un renovarse del suelo y de las ramas

en una reducción del cosmos a sus bocas

sujetas y agitadas

el único ahogarse de los mares

sus manos dibujándote el cabello

y tú oscilando

su amanecer y el olvido

las voces empapando las ropas

y las calles

y me emociona tu risa

y te enjuago el temblor con la tinta

y te escribo

Bea

es el mejor de los principios

principio de certidumbre