29 de diciembre de 2009

PRINCIPIO DE CERTIDUMBRE

A mi Bea, que está siendo feliz,

(llevémosle la contraria a Ismael y a Heisemberg...)

_

Y estás encendida

temblorosa

relumbrando como si nunca nada hubiese merecido la pena

hasta ahora

las manos como ascuas

vibrantes por las ansias

ni siquiera atinas a recogerte el pelo

ni a arreglarte la ropa

pelota saltarina

sólo entretejes con tu cuerpo aquel momento

aquel único instante

eterno

dedicado a ti

a ti

en que te convertiste por fin en la reina que siempre fuiste

en que él

recogió todas las flores

todos los veranos de sus treinta y pocos

todas las caricias esculpidas a golpe de brisa

todas las horas

y te las entregó con los labios

lentamente

en un imperceptible devenir del mundo en agua

en un renovarse del suelo y de las ramas

en una reducción del cosmos a sus bocas

sujetas y agitadas

el único ahogarse de los mares

sus manos dibujándote el cabello

y tú oscilando

su amanecer y el olvido

las voces empapando las ropas

y las calles

y me emociona tu risa

y te enjuago el temblor con la tinta

y te escribo

Bea

es el mejor de los principios

principio de certidumbre

22 de diciembre de 2009

Relámpagos

A Luis,

que cuando le escribí esto en la conversación del msn

me llamó criatura fascinante y me desenfocó el ego

_

Anoche soñé

con relámpagos

veía

no paraban

uno tras otro

la luz y luego el sonido

amarillos

y alguien me acompañaba

apenas con el roce de su brazo

no sé quién era

porque no miré nunca hacia los lados

sólo hacia arriba

el ruido

la luz

amanecí pensando en la soledad

en la protección

en la fuerza

19 de diciembre de 2009

Infancia

AUTARQUÍA

© 2009 Joaquín Artime






A mi madre y a mi padre, por primera vez



Quiero morir en los brazos de mi infancia


con los cordones declarándose a todos los charcos


desanudando los huecos del asfalto


las largas tardes de lluvia


Los labios vestidos de cacao


de las lágrimas dulces de los pequeños dramas


Mi infancia alegre


mi sonrisa ancha


los rizos rubios como ramilletes de versos


entrelazados


Morir en la voz de mi madre


en sus ojos verdes y amplios rindiéndose a la vida


las puertas cerradas


abiertas las ventanas en nosotras


prematuras y tenues


Acabar los días en la Aldea del Arce


disfrazada de caperucita


ejerciendo mi libertad sobre las nubes


volviendo al día en que nuestro padre abandonó el mar


sus barcos y su sed


con su mano grande y su frente llana


achicando los peldaños de todas las escaleras


para que pudiéramos volar


Terminar


disolver las rocas de todos mis huesos


con mi mar


con mi niñez pintada de limones


y peces azules

16 de diciembre de 2009

manos

No puedo sino soñar con manos

con uñas perfectamente sucias

negras y finas

que me traspasan la piel del pecho

sólo del pecho

tiernamente

como un amante primero

o una madre vieja

manos

desnudas siempre

enteras

cabalgando sobre mis pulmones

agotando los silbidos de una voz

mezquina y familiar

No puedo

no puedo más

que soñar con manos

densas

blancas pero sucias

prensando mis costillas

tratando de atenazar la sangre en sus huellas

con precisión de relojero

manos dulces

cansadas

inundadas en asma y negrura

mis manos

siempre mis manos

sueño tras sueño

cada miserable noche

de nudillos hambrientos

de cavidades abiertas y sangrantes

de mis entrañas

helándose entre otros dedos

mis manos que no son mías

mi sangre que no es de nadie

y el aire

sucediéndose

espesándose sobre mis ojos

cada miserable noche

mis manos

13 de diciembre de 2009

Los niños que no nacen

Cuando el niño de cuatro años me preguntó: ¿A dónde van los niños que no nacen?, sólo pude mirarle conmovida, agachar la cabeza, y responder: No lo sé.

Me miró, comprensivo, y no preguntó nada más. Ahora entiendo que su curiosidad por saberlo podía esperar, pero que la mía no.

Los niños que no nacen

saben de agua y calor

de sangre y ritmo

del color de la luz entre las ramas

cuajadas de aves nuevas

saben de voces primitivas

de frutas inmaduras

Los niños que no nacen

siembran su primer llanto

por los fértiles campos

admiran a una luna que les verá los ojos

y a unos aviones que señalarán

gritando y riendo

con sus deditos cortos

Atraviesan las paredes donde nunca vivieron

y duermen en cunas dulces

hechas para ellos

Los niños que no nacen

crecen

y gritan a una madre que llora

porque llegan tarde a casa

buscan y besan otros labios

con su palidez de hiedra

y se desvisten

sufren y aman

y prueban el sabor de las naranjas frescas

y tienen a sus propios hijos

que sí nacen

y crecen

y buscan y besan otros labios

con su verdor de hierba

Los niños que no nacen

se hacen viejos

y preguntan a otros niños

a dónde irán entonces

entonces

cuando no nazcan

10 de noviembre de 2009

Toda una muerte...


Imagen: Mauro

Posiblemente necesite

toda una muerte

para entender

por qué no reman mis besos sobre tu espalda

mar abierto de manos y sed

por qué no se arrugan los dedos

con nuestra humedad de adoquines

ni nos pronuncia eco alguno

aunque gritemos hasta la ruina

en los escombros del baño

No entiendo

por qué las paredes están tan blancas

nunca fueron tan altos los techos

ni tan pulcras las larvas

anidando en las ventanas

como madres en pleno holocausto

desfallecidas y ajenas

pero siempre bellas

No entiendo

tras tanto deliberar

por qué no caen ante mí los hombres

cuando les miro

si tengo el veneno en las pupilas

-metacrilato morfinado a cicuta viva-

todo el que te extraje

para luego verterlo en otros

y saciarme de estertores y jadeos

como en la desesperación de Espronceda

pero más puta

Tal vez necesite toda la muerte para entender

qué carajo haces tan lejos

qué carajo hago tan limpia

atusándome la pérdida y los restos del verano

con el sexo abierto frente a un espejo

que ya no se sorprende con nada

de tanto haberme sufrido

Qué se supone que soy

ahora

todavía

después de tantos años

respondiendo a preguntas deformadas

con respuestas desnutridas

tú tampoco supiste nada

y yo tal vez necesite toda la vida

para entender por qué no reman tus besos

sobre mi espalda

por qué este peso insoportable

estos tentáculos enfermos

esta parálisis de ti

9 de noviembre de 2009

Que te llames Gabriel...

A Míriam,
inevitablemente

Que te llames Gabriel
y me encuentres en un bar
con el pelo suelto
nerviosa porque siempre tengo menos tiempo
del que me exige el impulso
con las manos arruinadas sobre los folios extendidos
el té enfriándose
siempre con demasiada azúcar
demasiada
y que tus ojos te acerquen a mí
podemos esperar juntos
no espero a nadie
te diré
y me preguntarás si necesito ayuda
siempre estoy pálida
te pediré el mar
para ahogar la tinta que no se deja forjar bajo mis dedos
para sentir la inmensidad curándome dolores viejos
el mar
te pediré tu nombre
el mismo del niño que no tendré jamás
sonreirás apenas
chiquillo dulce
pedirás una cerveza
me recogeré el pelo en un moño
sutilmente dramática
vigilando si me observas bien
haciendo énfasis en cada vuelta vacía del elástico entre los rizos
me plantearé cuánta distancia hay entre tus labios y el desasosiego
de saberme vendida antes de desollada
por mí misma
que no tengo un céntimo en los bolsillos
que me iré hoy también sin pagar el té
olvidándome la bufanda
el bolígrafo
con un hombre de agua o de espuma
que me seguirá hasta casa
me desnudará despacio
y llamándome desde el baño
me pedirá que le enjabone
y que le nombre hasta que me duerma