1 de enero de 2010

A dos voces

A veces tengo la suerte de coincidir con él y disfrutar de las conversaciones más variopintas, aunque sea a través de una pantalla. Hoy nos hemos regalado uno de esos ratitos. Es un placer empezar el año así.
Él está en negro: Javier Mérida
Yo en rojo.


hace frío...

el tiempo nos traspasa...

y nos consagra a la vida...

dejémonos atravesar por ella...

como espadas hendidas en el agua

como maderos flotando tras la tempestad...

¿sentiste alguna vez la espalda fieramente vacía?

la espalda

ningun otro lugar

la nuca, si acaso

vacía como un temblor a medias

sin voz

la nuca callada

con la penumbra de todas las casas

dulce y amenazante

como cuchillos al borde de la mesa

con ganas de soledad sobre la piel

con soledad sin ganas entre los labios

y los pelillos erizados por la niebla

la niebla de todos los días

que surge de pronto de la cocina

tenue

donde la leña crepita sus últimos segundos

donde hubo una voz

una taza humeante

un abismo

tanteando la leche con los dientes

y un lago ness por la mañana entre los dedos...

sin monstruo ni misterio

jugueteando con los rizos dormidos de una amante...

que no se sabe si estuvo

alguna vez

tan sólo una huella entre las sábanas

un vestigio alado de otro tiempo

una luz

cargada de ventanas cerradas

malheridas

evidentes

delatoras

un final

una espalda fieramente vacía

una mano hueca sobre ella

escribiendo mi nombre al revés

con un silencio más

y todas las lágrimas menos